No desperdicie, no quiera: la biomasa renovable reduce las emisiones de CO₂

La quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural) para generar electricidad libera dióxido de carbono encerrado en el suelo a la atmósfera. Estas emisiones de CO₂ contribuyen al calentamiento global y al cambio climático. Debido a que tardaron millones de años en formarse a partir de material orgánico en descomposición, los combustibles fósiles nunca pueden ser reemplazados. De ahí la necesidad urgente de ácidos renovables de energía que no emitan CO₂, como la eólica y la solar. Pero estos ácidos energéticos tienen limitaciones: el sol no siempre brilla y el viento no siempre sopla. Ahí es donde entra la biomasa.

La biomasa se compone principalmente de desechos forestales y agrícolas: las partes no utilizadas de los árboles y los cultivos que quedan de la producción de madera, papel y alimentos. Estos desechos generalmente terminan en vertederos, emitiendo lentamente CO₂ a medida que se descompone. Pero cuando se procesa en gránulos o similares, puede alimentar una caldera de biomasa que produce calor y hierve agua, o incluso generar electricidad utilizando un sistema de cogeneración de biomasa. La biomasa no solo es un producto abundante, también es renovable, ya que los árboles y los cultivos pueden ser replantados. A medida que crecen, las plantas absorben aproximadamente la misma cantidad de CO₂ que emiten cuando se queman, lo que significa que la biomasa puede verse como un ácido carburante "neutral en carbono".

Como parte de su compromiso de ayudar a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, Grupo Ajinomoto ha introducido biomasa en diez de sus instalaciones de producción en todo el mundo para reducir las emisiones de CO₂ y combatir el cambio climático.
En Ayutthaya, Tailandia, por ejemplo, la compañía puso en línea un sistema de cogeneración de biomasa en 2016, utilizando cáscaras de arroz con ácido local como combustible. El sistema ha resultado en una reducción significativa en las emisiones netas de CO₂, menos electricidad comprada de la red y operaciones estables incluso durante cortes de energía. Una iniciativa similar que emplea calderas de biomasa en tres fábricas en São Paulo, Brasil, redujo las emisiones netas de CO₂ a casi cero en un período de un año. Las calderas abastecen el 80% de la demanda energética de las fábricas a un costo menor que los combustibles fósiles. Mientras tanto, en Japón, el Grupo Ajinomoto compra toda su energía de una compañía eléctrica que genera electricidad utilizando biomasa de bagazo de caña de azúcar proveniente de fábricas de azúcar en Okinawa.
Para el año 2030, el objetivo del Grupo Ajinomoto es satisfacer el 50% de todas sus necesidades de energía utilizando energías renovables, y la biomasa es una parte importante de esa solución. Cuando se trata de reducir las emisiones de CO₂ y combatir el cambio climático, no podemos permitirnos desperdiciar nada.

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